Julieta Venegas regresó al Auditorio Nacional y lo hizo con la calidez, sensibilidad y cercanía que han caracterizado su trayectoria durante más de dos décadas. Ante un recinto completamente lleno, la cantante y compositora tijuanense presentó su Norteña Tour 2026 en una velada que combinó recuerdos, emociones y colaboraciones especiales, confirmando una vez más la vigencia de una de las voces más queridas de la música en español.
La noche comenzó puntualmente a las 20:30 horas, cuando Julieta apareció sobre el escenario vestida con un llamativo conjunto rosa que contrastaba con la atmósfera cálida de la producción visual. Desde el inicio quedó claro que el espectáculo apostaría por la intimidad más que por los grandes efectos tecnológicos. A diferencia de las producciones masivas que suelen dominar los escenarios actuales, la artista optó por una escenografía acogedora, compuesta por sillas de distintos estilos, lámparas, plantas y espacios que evocaban una sala de convivencia.
El concepto visual se complementó con una serie de fotografías capturadas por su hermana gemela, Ivonne Venegas, proyectadas a lo largo del concierto. Estas imágenes aportaron un carácter profundamente personal a la presentación y reforzaron los temas que atravesaron la noche: la familia, la memoria, la amistad y los afectos.
Desde sus primeras intervenciones, Julieta dejó claro el entusiasmo que sentía por reencontrarse con el público de la capital mexicana. La cantante celebró en varias ocasiones su regreso al Auditorio Nacional, un escenario emblemático en su carrera y uno de los más importantes del país.
“Ciudad de México, qué maravilla poder estar aquí esta noche, no saben la felicidad que tenemos de encontrarnos aquí con ustedes, de volver al Auditorio Nacional, hace mucho que no veníamos acá”, expresó ante los aplausos de miles de asistentes.
Ese sentimiento de gratitud y cercanía se mantuvo durante toda la presentación. Incluso protagonizó uno de los momentos más espontáneos de la noche al tomar un shot de mezcal antes de interpretar “Tengo que contarte”, gesto que provocó risas y ovaciones entre el público.
El concierto también sirvió para presentar en profundidad Norteña, el álbum que da nombre a la gira y que representa una nueva etapa creativa para la artista. Antes de interpretar algunas de las canciones del disco, Julieta compartió detalles sobre el proceso de composición y destacó la colaboración del cantautor David Aguilar, figura clave en la construcción del proyecto.
Precisamente una de las primeras sorpresas de la noche llegó con la aparición de David Aguilar para interpretar “Caprichos del azar”. Su presencia inauguró una serie de colaboraciones que se convertirían en uno de los elementos más destacados del concierto.
Lejos de sentirse como intervenciones aisladas, los invitados se integraron de manera natural al universo musical que Julieta ha construido en esta nueva etapa. Más adelante apareció Girl Ultra para interpretar “Amigas”, una canción que aborda la complejidad emocional de las rupturas amistosas. Antes de cantarla, Julieta reflexionó sobre el dolor que puede provocar el final de una amistad, una experiencia que, según explicó, suele ser tan inesperada como profunda.
La conexión con su ciudad natal también ocupó un lugar central dentro del repertorio. Temas como “Leyendas de Tijuana” y “Esquina del mar” permitieron a la cantante explorar la nostalgia por el lugar de origen y las emociones que acompañan la distancia. En estos momentos, Julieta compartió reflexiones personales sobre la experiencia de vivir lejos de la tierra que la vio nacer y la constante necesidad de explicar de dónde viene.
Otro de los momentos más celebrados llegó con “Volver a ti”, la primera canción que escribió para Norteña. Para interpretarla invitó a Israel Ramírez, líder de Belafonte Sensacional, quien fue recibido con entusiasmo por los asistentes. La lista de invitados continuó con la participación del argentino Santiago Motorizado en “Lo que va a pasar”, ampliando el diálogo musical entre distintas generaciones y escenas de la música iberoamericana.
La carga emocional alcanzó uno de sus puntos más altos con “Te celebramos”, una canción escrita a petición de su padre cuando estaba próximo a cumplir 80 años. Más tarde dedicó “Algún día” a su hermana Ivonne, cuya presencia simbólica estuvo presente durante toda la velada a través de las fotografías proyectadas en las pantallas.
Como era de esperarse, el recorrido por el nuevo material se complementó con algunos de los temas más emblemáticos de su carrera. Uno de los momentos más conmovedores llegó con “Lento”, interpretada únicamente al piano. La sencillez de la ejecución transformó el Auditorio Nacional en un mar de luces de teléfonos celulares y voces que acompañaban cada verso.
La emoción continuó con “No me vuelvo a enamorar”, homenaje a Juan Gabriel que puso de pie a buena parte del recinto. Más adelante, la aparición de Majo Aguilar para interpretar “Andar conmigo” generó una de las ovaciones más fuertes de la noche y se convirtió en uno de los instantes más festivos del concierto.
Hacia el cierre, Julieta reunió varios de los éxitos que han marcado distintas etapas de su trayectoria. “Eres para mí”, “Mismo amor” y “Me voy” fueron coreadas por miles de personas antes de que abandonara brevemente el escenario. Sin embargo, el público no tardó en reclamar su regreso para el tradicional encore.
La cantante volvió minutos después para interpretar “A dónde va el viento”, “Limón y Sal” y “El presente”, poniendo punto final a una presentación que concluyó poco después de las 22:30 horas y que dejó una evidente sensación de satisfacción entre los asistentes.
Entre los pocos comentarios que circularon tras el concierto destacó la ausencia de “La Niña Futbolista”, una canción que algunos seguidores esperaban escuchar y que finalmente no formó parte del repertorio. La omisión llamó la atención debido a que la presentación incluyó cerca de treinta temas entre el set principal y el cierre.
Más allá de esa ausencia, el regreso de Julieta Venegas al Auditorio Nacional se consolidó como una celebración de los vínculos que han definido su obra artística. La familia, la amistad, la memoria de Tijuana y las colaboraciones musicales se entrelazaron en un espectáculo que mostró tanto a la artista consolidada como a la compositora cercana e introspectiva. En una noche marcada por el reencuentro, la cantante demostró que su música continúa conectando con distintas generaciones y que su lugar dentro de la escena musical latinoamericana permanece tan sólido como siempre.

