Ciudad de México.- La celebración de la Copa Mundial de la FIFA 2026 no sólo ha puesto a la capital del país en el escaparate internacional, sino que también ha evidenciado las limitaciones de su infraestructura ambiental. El aumento en la generación de residuos, la presión sobre la movilidad urbana y la persistencia de problemas de contaminación han colocado nuevamente en el centro del debate la capacidad de la Ciudad de México para enfrentar los impactos de un evento masivo sin agravar desafíos que arrastra desde hace años.
Uno de los principales focos de atención es el incremento en la generación de residuos sólidos urbanos. De acuerdo con reportes difundidos durante el torneo, la capital registra alrededor de 7 mil 300 toneladas adicionales de basura al día, de las cuales cerca del 60 por ciento corresponde a plásticos de un solo uso, un escenario que representa una presión extraordinaria para los sistemas de recolección, separación y disposición final.
El volumen de desechos también ha puesto bajo escrutinio la capacidad instalada para su procesamiento. La infraestructura disponible continúa siendo limitada frente a una demanda extraordinaria, mientras especialistas advierten que el desafío no radica únicamente en intensificar las labores de limpieza, sino en fortalecer la economía circular, ampliar la capacidad de reciclaje y reducir la generación de residuos desde su origen.
A la par, el Mundial ha incrementado la presión sobre la movilidad urbana. La concentración de visitantes en estadios, zonas turísticas, festivales y espacios públicos ha elevado el número de desplazamientos diarios, lo que representa un reto para el transporte público y mantiene el riesgo de un mayor uso del automóvil particular, con el consecuente incremento en las emisiones contaminantes.
Diversos estudios e instituciones, entre ellas la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México (SEDEMA), han señalado previamente que la calidad del aire y la dependencia del transporte motorizado continúan siendo desafíos estructurales para la capital. En ese contexto, especialistas consideran que un evento de la magnitud del Mundial funciona como un acelerador de problemas ya existentes, más que como su causa principal.
Como respuesta, el Gobierno de la Ciudad de México presentó la estrategia «Mundial Verde», integrada por diez ejes de acción que incluyen la reducción de plásticos de un solo uso, la separación obligatoria de residuos, el impulso a la economía circular, el fortalecimiento del transporte público y la promoción de la movilidad no motorizada. Entre los proyectos anunciados también destacan la modernización del Tren Ligero, la ampliación de infraestructura ciclista y medidas para desincentivar el uso del automóvil durante las actividades del torneo.
No obstante, analistas coinciden en que estas acciones buscan principalmente mitigar los impactos inmediatos del evento, mientras que la solución de fondo dependerá de inversiones sostenidas en infraestructura ambiental, movilidad sustentable y gestión integral de residuos, áreas donde la ciudad mantiene rezagos que trascienden la realización de la Copa del Mundo.
En este escenario, el Mundial 2026 se perfila como una prueba para evaluar la capacidad institucional de la Ciudad de México para convertir un evento internacional en una oportunidad de transformación urbana. Más allá del éxito organizativo, el principal indicador será si las obras, políticas públicas y programas ambientales logran consolidarse como un legado permanente o si únicamente responden a las necesidades temporales de la competencia deportiva.

