Nos quedamos vestidos y alborotados en el recinto legislativo. La noche de este lunes, la tan anunciada propuesta de reforma electoral que enviaría el Ejecutivo simplemente hizo mutis. Fue la propia presidenta de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán, quien salió a atajar los rumores en los pasillos para confirmar a la prensa que el ansiado documento no cruzaría las puertas de San Lázaro durante la jornada, dejando a más de uno con la grabadora en la mano y la libreta en blanco.
Para que no cunda el pánico, la legisladora panista aclaró que el nuevo cálculo apunta a que la iniciativa aterrice este martes por la tarde. Sin embargo, mandó un mensaje clarito y sin escalas: en su presidencia no habrá madruguetes ni se le meterá el acelerador a fondo para saltarse las trancas de la ley. El «fast track» está descartado de tajo para un tema que trae a toda la clase política comiéndose las uñas.
Fiel a su estilo, López Rabadán detalló que no le dieron el pitazo con las razones exactas de este freno de mano, ni ella se puso a rascarle al asunto. Simplemente se le notificó el cambio de agenda. Eso sí, para evitar que les metan un gol en tiempo de compensación, ordenó montar una guardia nocturna, por si a los emisarios se les ocurre hacer la entrega a deshoras. Hombre prevenido vale por dos, y en la grilla capitalina, por tres.
La promesa principal de la noche fue la transparencia absoluta. Nada de planchar la ley en lo oscurito. La presidenta de la Mesa Directiva aseguró que, en el instante en que el mamotreto llegue a sus manos, se pasará por el escáner para publicarse de volada en la Gaceta Oficial. El objetivo es que la ciudadanía y las distintas bancadas puedan echarle buen ojo al articulado antes de que empiecen los sombrerazos en la tribuna.
El reloj legislativo, que no perdona, ya tiene su hoja de ruta. Si el documento hace su aparición triunfal mientras los diputados están sesionando este martes, se dará cuenta inmediata a los 499 legisladores restantes. Pero si la entrega se da cuando ya hayan bajado la cortina del pleno, el aviso formal tendrá que aguantar pacientemente hasta la sesión ordinaria del próximo miércoles. Todo conforme al librito.
Y es que no estamos hablando de un tema menor para salir del paso. Como bien subrayó la diputada, esta reforma electoral tiene el calibre suficiente para impactar la vida de 134 millones de mexicanos. Al tratarse de las reglas mismas de nuestra democracia, el asunto exige bisturí de cirujano y no un machetazo, garantizando que el análisis no deje cabos sueltos ni zonas grises.
Una vez que se cumpla con el protocolo de recepción en el pleno, cero saltos de mata: la iniciativa será turnada derechito a las comisiones correspondientes. López Rabadán fue enfática al señalar que buscará que no se violente ninguna regla y que el dictamen no sea una excepción a la norma, asegurando un proceso parlamentario pulcro y a prueba de impugnaciones.
Es precisamente en esas comisiones donde empezará la verdadera talacha. La presidenta de San Lázaro adelantó que espera ver un parlamento abierto en toda la extensión de la palabra, donde haya foros, consultas y se escuche a todas las voces posibles. Antes de subir un dictamen al pleno, la instrucción moral es que se debata con argumentos y no solo con levantadas de mano automáticas.
Por ahora, la moneda sigue en el aire en la capital del país. Los reporteros recogieron sus tripiés y las luces de las cámaras se apagaron temporalmente, pero la tensión política se respira en el ambiente. Mañana será otro día en este circo de tres pistas, y el Palacio Legislativo ya calienta motores para recibir la iniciativa que promete robarse todos los reflectores de la temporada.
