El tema electoral volvió al centro del tablero político nacional. En la Cámara de Diputados comenzó a tomar forma una discusión que, aunque todavía no tiene iniciativa presidencial formal, ya genera señales claras de hacia dónde podría moverse el debate: una posible reforma electoral con impacto directo en la representación política y el equilibrio democrático.
La presidenta de la Cámara de Diputados confirmó que sostuvo un encuentro con José Woldenberg, expresidente del Instituto Federal Electoral y figura central en la construcción del sistema electoral moderno en México. El diálogo, explicó, tuvo como objetivo escuchar puntos de vista técnicos y experiencias acumuladas, especialmente en un momento donde se habla de ajustar reglas que han definido la competencia política durante décadas.
El mensaje político detrás de esta reunión es relevante. En un contexto de alta polarización, abrir espacios de conversación con perfiles ajenos a la contienda partidista busca enviar una señal de apertura institucional. No se trata aún de una propuesta concreta, sino de preparar el terreno para una discusión que, inevitablemente, llegará al pleno legislativo.
Paralelamente, el Instituto Nacional Electoral notificó al Congreso que una iniciativa ciudadana impulsada por el colectivo “Salvemos la Democracia” cumplió con los requisitos legales para iniciar su trámite. Más de 136 mil firmas fueron validadas, lo que obliga a la Cámara a analizar una propuesta que plantea cambios constitucionales en materia electoral.
Este punto no es menor. La activación del mecanismo de iniciativa ciudadana coloca a la sociedad civil dentro del debate formal, rompiendo con la lógica tradicional donde las reformas electorales se diseñan exclusivamente desde el poder político. Ahora, al menos en el papel, la discusión arranca desde abajo hacia arriba.
Uno de los ejes que ya genera atención es el tema de la sobrerrepresentación en el Congreso. Woldenberg advirtió que permitir que una fuerza política tenga una proporción de curules mayor al respaldo obtenido en las urnas puede debilitar el principio de representación democrática. Recordó que este tipo de distorsiones fueron comunes en el México previo a las reformas democráticas de finales del siglo XX.
Desde la presidencia de la Cámara se insistió en que, por ahora, no existe un proyecto formal enviado por el Ejecutivo federal. Esto implica que cualquier escenario sobre la eliminación de legisladores plurinominales, la reconfiguración del INE o cambios en la fórmula de asignación de escaños sigue siendo especulativo.
Lo que sí es un hecho es que el Congreso tendrá que asumir un papel central en los próximos meses. La discusión no solo será técnica, sino profundamente política: definir si las reglas electorales se ajustan para fortalecer la pluralidad o para concentrar el poder.
En un país donde la confianza en las instituciones se construyó con dificultad, la reforma electoral se perfila como una prueba de madurez democrática. El proceso apenas comienza, pero el desenlace marcará el rumbo de la representación política en los próximos años.
