El México-Inglaterra ya no se jugará sólo en el Estadio Ciudad de México. También se jugará en las calles, en los filtros, en las pantallas, en el Metro, en Reforma y en la capacidad de la capital para evitar otro descontrol.
Después de los festejos masivos por el triunfo de México ante Ecuador, Reino Unido actualizó su recomendación de viaje para advertir a los aficionados ingleses sobre robos de celulares, bebidas adulteradas y pérdida de pasaporte.
El dato más sensible es el de los fallecidos. La alerta británica menciona tres personas muertas en multitudes en el Ángel de la Independencia, mientras medios mexicanos han reportado que autoridades capitalinas confirmaron cuatro. Esa diferencia no debe mezclarse: son dos referencias distintas.
La respuesta de Sheinbaum fue política y directa: dijo que es seguro viajar a México. Pero el propio mensaje oficial reconoce que la Ciudad de México tendrá que ajustar la operación con más pantallas y medidas para dispersar a la gente.
Ese cambio es el centro de la historia. La fiesta mundialista dejó de ser únicamente un asunto de ambiente y se convirtió en un problema de Protección Civil, movilidad, seguridad pública, alcohol, transporte y atención médica.
El Gobierno capitalino ya tenía un esquema con Fan Fest en el Zócalo, Festivales Futboleros, pantallas alternas, filtros, presencia policial y Última Milla en el entorno del estadio. Ahora, ese diseño deberá responder a un partido de mayor presión.
La pregunta antes del silbatazo es incómoda, pero necesaria: ¿está preparada la CDMX para que el México-Inglaterra sea una celebración y no la repetición de una multitud fuera de control?

